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El Occitano Navarro

http://www.euskomedia.org/aunamendi/97873/59226

[Documento fechado en 1415 (C.A.G.N. Vol. 50, doc. n.º 1.035) en el que escribe Martín de San Martín y responde Machín de Zalba, utilizando romance navarro y euskara: Machin seynnor. Suplico vos que me imbiedes por escripto quoanta es la gracia que los de Sant Johan han de la imposicion. Et jaunatiçula egun hon. El todo vuestro Martín de Sant Martín. El me imbiat a dizir si si verres el combit o non.-El todo buestro Martin de Sant Martin. Seynnor maestre Martin. Acomendo vos a Miguel Papon, vostre amic, et seredes bien ayssa en casa de Peyre de Tors del bon baron qui mal li se faga en el coillon, et escusat me de combit que non puedo ser, que huespedes tengo. Et jaunatiçula abarion ez naiz bildur ezten alla. Et jaquiçu done Johane garacicoec dute gracia e regue huitean yruroquey et amaui florin huitean baytator sey florin et tercio bat rebaticera colectoreari et alegracaytec ongui.-Gure guzia. Machinde Çalua. Transcripción de L. Michelena y F. Arocena. Ref. F. Idoate, "Fontes" 1969, 2]

El Occitano Navarro.

Sancho Ramírez al comienzo mismo de su reinado ( 1063) puso en marcha una auténtica revolución social al erigir a Jaca como capital del reino aragonés con el título de ciudad, poblándola con gentes occitanogasconas especializadas en menesteres artesanos, con objeto de atender a los peregrinos que acudían a Santiago procedentes de la vía Tolosana que penetraba en España por el puerto de Somport. La aplicación de esta política se dejó sentir pronto en Navarra con la fundación de Estella (1090) dentro de los términos de una aldea llamada Lizarra, con oriundos de Toulouse, Cahors, Moissac, Condom, Saint Giles, Bordeaux, etc. en la orilla derecha del Ega, protegidos por una fortaleza y acogidos al llamado Fuero de San Martín, copia del de Jaca. Le siguieron otros núcleos fundados entre 1118 y 1129, como el Burgo de Cernín (Pamplona), Sangüesa y Puente la Reina con «francos» u occitanos exclusivamente, ya que por fuero les estaba prohibido a los navarros, fueran éstos hijosdalgo, clérigos o gentes de armas, avecindarse en los mismos. El ciclo se cerró con la creación de dos nuevos burgas entre 1187-1188, esta vez con «francos» y navarros, uno en Pamplona, denominado La Población de San Nicolás, paralelo al Burgo de San Cernín, y el otro en Estella, al otro lado del Ega y formado por los barrios de San Miguel, San Juan y San Salvador del Arenal. La lengua de estas gentes, distinta del catalán y del gascón, pero emparentada con ellos, y claramente diferenciada de la variante navarro-aragonesa, fue a nivel de lengua escrita y hablada a lo largo de los ss. XII al XIV, el occitano común escandalizado de tipo tolosano, como lo prueban los cerca de 500 textos administrativos que nos han llegado junto con la Canción de la Guerra de la Navarrería de Guillem d'Aneliers. Al contrario de lo que sucedió en otros muchos núcleos de la ruta de Santiago poblados entera o parcialmente por francos, como Logroño, Belorado, Burgos, Sahagún, etc., o fuera de ella, como Tudela, Huesca y Zaragoza, donde el uso de la lengua occitana fue meramente ocasional, como señaló J. M.ª Lacarra (1957, 19): «...en estas ciudades de Navarra -se refiere a Pamplona, Estella, Puente la Reina, Roncesvalles (Burguete) y Sangüesa- pervive por mucho tiempo la lengua provenzal». Y refiriéndose a Pamplona indica: «...veremos multitud de documentos redactados integramente en provenzal, lengua que conservó allí su vigor hasta el s. XIV. ...Es decir, que en estas ciudades, de las que conservamos escritos también en romance navarro, eran tres los idiomas hablados: el vascuence, el romance navarro y el provenzal, y no faltarían gentes que comprendieran los tres». La razón de esta persistencia la apuntó ya en 1957 J. M.ª Lacarra al advertir sobre las condiciones lingüísticosociales en que vivieron estas gentes de los burgas. En efecto, a lo largo de todo el medievo las comunidades francooccitano-navarras se asentaron en núcleos defendidos por murallas, separados y aislados de los naturales del país -los euskaldunes, probablemente monolingües-, que se vieron forzados a vivir en sus «navarrerías», actuando así la lengua como aislante. Por otro lado y por si fuera poco la barrera lingüística, el estatus jurídico que separaba a ambas comunidades acentuaba aún más la diferencia, ya que gracias a las disposiciones expresas o implícitas de sus Fueros, los francos monopolizaron toda la actividad económica, desde los oficios artesanales al del cambio y préstamo de dinero, originados por el paso de los peregrinos procedentes de Somport o de Roncesvalles camino de Santiago. Por el contrario, los francos de Huesca, Tudela o Zaragoza se diluyeron rápidamente entre la población romance, ya que, por un lado, no llegaron a constituir comunidades aparte, distintas de los naturales del país y originarios de Navarra, Castilla y Aragón; y por otro se adaptaron sin mayor dificultad a la variedad románica que entendían sin dificultad. De acuerdo con los textos publicados y los ya recogidos, el conjunto de documentos conocidos asciende a unos 500 -frente a unos 50 de Jaca y Huesca- y fueron redactados entre 1232 y 1400, correspondiendo a escribanos de Pamplona en torno a un 62 %, seguido de Estella un 19 %, y el resto se reparte entre los escritos por notarios y escribanos de Sangüesa, Puente la Reina y Burguete (Roncesvalles). El período en que más se dan estos textos es el que va de 1300 a 1400 con un 75 %, frente a los datados entre 1232 y 1300 con un 25 %. La lengua a que pertenecen estos textos, según se desprende del estudio lingüístico de la primera serie (1232-1325) llevado a cabo por mí, es el occitano común languedociano, originario de la región central, delimitada por las ciudades y zonas de influencia de Toulouse, Quercy, Albi y Rouergue, distinto del noroccitano de Limoges, Périgord, Auvergne y Sur de Poitou, así como del de las hablas de la Provenza y que dentro de Occitania dio lugar a un modelo ideal de comunidad lingüística respecto del cual intentaron acercarse escritores y escribanos, presentando desde un principio un carácter más federativo que unificado, resultado de la acomodación entre lengua y realidad social, y no como consecuencia de una voluntad que se impuso. La suerte de este occitano-navarro corrió parejas con el estatus privilegiado de las comunidades de burgueses que lo hablaban, desapareciendo documentalmente primero en Sangüesa, algo más tarde en Puente la Reina, hacia 1380 en Estella y por último en Pamplona en 1423 con la firma del Pacto de la Unión, que puso fin a la separación del Burgo de San Cernín, la Población de San Nicolás y la Navarrería, fundiéndose todos en uno y bajo las mismas Ordenanzas, siendo absorbida dicha variante románica por el Romance Navarro elevado ya al rango de «Ydioma Navarre terre o Lengua de Navarra» y como advierte L. Mitxelena (Cf. «Notas sobre las lenguas de la Navarra Medieval», en Homenaje a J. Esteban Uranga, pág. 211): «Me parece con F. González Ollé que era inevitable que el occitano desapareciera, una vez que fueron cayendo una tras otra las barreras legales y sociales que protegían a la población franca y a su lengua». Perdida la cohesión del dialecto navarro-romance debido a una evolución, en parte confluyente, similar a la experimentada por el castellano y por una progresiva castellanización del mismo a partir especialmente de fines del s. XV y principios del XVI, el castellano irá penetrando más y más a costa del dialecto autóctono y el propio euskara, desprotegido de la defensa del dialecto romance, retrocederá más y más en un proceso secular que dura hasta nuestros días.

Ricardo CIERBIDE MARTINENA